por A. Guerrero (ags@ctv.es)

 

3.000 o 4.000 años a. de C. estas escarpadas sierras eran ya habitadas por el hombre, a pesar de que las condiciones geográficas no eran las más favorables. Es posible que, precisamente gracias a esta inaccesible orografía, encontraran caza abundante que les compensaba del tremendo esfuerzo que suponía tener que caminar sobre tanta laderas y superar importantes desniveles. 

Las hojas de sílex encontradas y otros restos arqueológicos hallados en el interior de cuevas, así como fragmentos de cerámica y esquemáticas pinturas rupestres cerca del Puerto de Tíscar, confirman la existencia de reducidos asentamientos humanos en épocas primitivas.

Durante la época final del periodo del Cobre (sobre el 2.000 a. de C.) es cuando, próximo a Cazorla, se establecen los primeros poblados estables. Los restos de un pequeño poblado perteneciente a la cultura del Bronce (1,500 a. de C.) encontrado también en las cercanías, en la llamada Loma del Bellotón, confirman la permanencia de seres humanos en tan tempranas épocas. Algo después, ya en el último milenio antes de nuestra era, la cultura ibérica alcanza un destacado desarrollo en toda esta franja de Andalucía así como en estas comarcas. Una muestra de esta presencia es la tumba con cámara monumental que se encuentra en la vecina aldea de Toya (Peal de Becerro) única entre los hallazgos de la cultura ibérica.

Como casi toda Andalucía, estas tierras sufrieron diferentes ocupaciones en el transcurso de los siglos. Los romanos explotaron sus minas de plata. Los musulmanes dejaron como muestra de su paso el castillo de Cazorla. En el siglo XIII, ya bajo dominio cristiano, Cazorla pasó a ser feudo del arzobispo de Toledo, bajo la denominación de Adelantamiento de Cazorla, llegando a alcanzar 10.000 habitantes, una destacable  población para la época. Con la abolición de los señoríos por las Cortes de Cádiz, en 1812, Cazorla deja de depender del arzobispado de Toledo, con lo que pierde importancia de forma progresiva.

La declaración de Parque Nacional de la Sierra de Cazorla marca el inicio de una nueva etapa, en la que el turismo juega una baza importante. Este espacio natural protegido es el de mayor superficie de España y forma parte del Parque Nacional de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Su superficie es de 214.300 hectáreas. 

Esta es es una más de las zonas andaluzas declaradas Reserva de la Biosfera, por la UNESCO.

 

Los visitantes que se acerquen a disfrutar de la belleza de estas sierras, encontrarán en Cazorla orientación de cómo seguir alguno de los distintos itinerarios que han sido estudiados para realizarlos a pie, en bicicleta de montaña o con vehículo de cuatro ruedas, según los gustos personales de cada uno.

Si seguimos uno de estos itinerarios, a través de la carretera que une la población con el Parque Natural, se asciende por el "Puerto de Las Palomas" y se desciende hasta el "Empalme del Valle" buscando el cercano poblado de Vadillo-Castril. Desde allí, antes de entrar al mismo, se puede seguir a pie por una senda hasta encontrar el río Guadalquivir que se precipita al vacío por una impresionante garganta. El recorrido, de tan sólo 1.730 metros aunque tortuoso en algunos tramos, se recomienda por la extraordinaria belleza de estos parajes. 

Uno de los tramos más interesantes de la zona lo forma el curso alto del Guadalquivir, desde El Tranco hasta su nacimiento. En este último lugar, pasando por una vereda se accede a las siete fuentes de las que surge el río, y, de desearlo, se puede descender a donde una placa clavada entre hiedras trepadoras recuerda que el lugar se denomina Cañada de las Fuentes, con una altitud de 1.350 metros. Un pequeño puente natural abierto en la roca caliza conduce a una sala en cuyo fondo hay una especie de oscuro sumidero que es la cuna del recién nacido Guadalquivir. 

Donde el Guadalquivir se cruza con la carretera, se encuentra el puente de las Herrerías, del que cuentan las viejas leyendas que fue levantado en una noche para que pudiera pasar Isabel la Católica y sus huestes cuando se encaminaban a conquistar Granada.

En vehículo se puede transitar por la pista forestal que asciende hasta el área recreativa y el campamento juvenil de Linarejos. Los más deportistas y los jóvenes pueden optar por la bicicleta de montaña para adentrarse en la naturaleza y pasar por "Las Lagunillas" (antiguas cortijadas) donde pueden avistar, si hay suerte, algunos animales poco frecuentes, como el muflón o cabra montés. Tan bello recorrido termina por un encañonamiento geológico, en torno al Río Borosa, de un gran interés botánico y paisajístico.

Por el camino y en suelos pedregosos y roquedales calizos se puede observar la singular y bella Violeta de Cazorla (Viola Cazorlensis). 

Siguiendo algunos de los  itinerarios  se cruzarán zonas forestales interesantísimas, como bosques de "quecíneas", viejísimas encinas y densos bosques de olivillas con pies que alcanzan  alturas de 9 m. Entre las especies botánicas más destacadas están el madroño, el brezo, el enebro, la cornita, el lentisco, la zarzaparrilla, el durillo, los pinos y los quejigos. Esta zona protegida ofrece a los ojos del visitante un auténtico bosque mediterráneo, de increíble belleza, en un excelente estado de conservación. 

La fauna es a su vez riquísima. Está constituida por gran cantidad de mamíferos: el ciervo, el gamo, la cabra montés, la garduña, el zorro, la nutria, el gato montés, la ardilla, el tejón, y el jabalí, entre otros. 

Destacan las grandes aves, como el águila real, la culebrera europea y el buitre leonado, y otras interesantes como el azor, el mirlo acuático, el pito real, el martín pescador, el picapinos, e infinidad de pequeñas aves insectívoras.

También existe un elevado número de reptiles, como la culebra de escalera, la culebra viperina, la lagartija ibérica, el lagarto ocelado, la lagartija de Valverde de especial interés faunístico, que busca los pedregales y las zonas húmedas... 
Entre los peces, destacan la trucha común, la trucha arco iris, el barbo, el cacho y otros. 

Los principales problemas de conservación que afectan, de manera general, al conjunto de las especies de esta zona protegida son la predación de la población de jabalíes, que se considera excesiva, y el atropello en carreteras y carriles de un buen número de ejemplares de pequeños mamíferos, ofidios y saurios, especialmente en las épocas de máxima afluencia turística. A todo ello se unen los terribles efectos que producen los incendios, la modificación de los espacios naturales para la construcción de infraestructura turística o de gestión forestal, y el impacto directo del turismo.

La inmensidad de las montañas, los densos y silenciosos bosques sólo  interrumpidos por los más inesperados sonidos de origen animal y el canto del agua en su caída, justifican un viaje o una excursión al Parque Nacional de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas.