el baúl de los recuerdos

Cuando nos protegían hasta de pecar de pensamiento
por Antonio Guerrero ags@ctv.es


Es que estos tiempos ya no son lo que eran!

Que era otra época, se notaba apenas las criaturitas comenzaban a dar los primeros y vacilantes pasos. Se les encasquetaba una chichonera, una especie de casco de mimbre, para protegerlos de los coscorrones, y, de una forma o de otra, se seguía así durante años. Eso si, las protecciones variaban con la edad. Y muy bien hecho, porque como luego hemos oído hasta la náusea, de la libertad viene el libertinaje.

Censura sobre el erotismo

¡Suerte que las autoridades políticas y religiosas velaban por nosotros, para evitar que nos condenáramos!. Ah, y los militares, que hacía poco habían vencido a las hordas marxistas, también nos enseñaron buenas costumbres. Al atardecer, cuando en los cuarteles se llevaba a cabo la ceremonia de la bajada de la bandera, el sonido de la trompeta nos mantenía debidamente informados de la duración del acto. Hasta donde llegaba su sonido era obligado interrumpir toda conversación, cuadrarse en la calle y, mientras el personal civil saludaba con el brazo derecho en alto, y soldados y policía de manera marcial con la mano sobre la sien, había que esperar,  manteniendo el saludo, hasta la finalización del acto militar.

Pero el que salvó más almas, por lo que es inexplicable que no haya sido elevado a los altares, fue el Cardenal-Arzobispo de Sevilla, el Dr. Segura. Nos salvó de pensamientos impúdicos y de tentaciones libidinosas y carnales.

En las playas las mujeres estaban obligadas a llevar bañadores con faldas. Las más descaradas se anticiparon a Mary Quant, e inventaron por su cuenta y sin "copyright" la antecesora de las minifaldas.

Claro que los varones tampoco podían permanecer en la arena en "taparrabos". (Dios mío, no se como esta palabra, que era la habitual para denominar lo que luego se llamó bañador, no fué perseguida y proscrita. ¡Cómo se les pudo escapar tan horrendo término!. Porque las mentes más retorcidas asociaban lo de "rabo" con algo inimaginable). Lo ordenado era ponerse unos calzones cortos mientras no se estuviera dentro del agua. Y naturalmente la Guardia Civil vigilaba para el cumplimiento de estas normas de moral y urbanidad.

Al Cardenal Segura le informaron además, que para eso tenía censores y asesores, que había personas que bailando "agarrao" estaba más pendientes de ciertos frotes y ritmos físicos que de los musicales. 

 

 

Prohibido bailar

Y, velando por las almas de sus feligreses, nuestro pastor impuso la pena de ex-comunión para los que bailaran de esa forma, incluido el pasodoble, por muy torero que fuera, ya que permitía el contacto de los cuerpos. En cambio el baile por sevillanas, gracias a que sus roces eran fugaces, fue permitido.

Las costumbres foráneas forzaban al cambio, pero algunas reminiscencias patrióticas -afortunadamente- se mantenían. Mientras al gran tupé con que se peinaban las mocitas se le llamaba "Arriba España", estas soñaban con usar bolsos de plexiglás -los primeros y horrorosos plásticos brillantes que se fabricaban- y "medias de cristal" cuyas continuas carreras tenían que ser "cogidas" por el sistema Vitos. (No es de extrañar que estos establecimientos crecieron como el jaramago).

Por más que la Sección Femenina en sus demostraciones sindicales y gimnásticas usaran "pololos" (que eran como unos calzoncillos blancos y largos, con pasacintas, que se ataban justo por encima de las rodillas) para preservar la visión de los muslos, como en todas las épocas, el descarrío de algunas jóvenes fue inevitable. A ellas se les llamó "las niñas NO-DO", porque al igual que aquellos noticiarios cinematográficos obligados del Régimen, "estaban al alcance de todos los españoles".

Y la degradación moral llegó a alcanzar cotas inverosímiles cuando se permitió el estreno de la película "Gilda" en la que Rita Hayworth, para más vergüenza hija de un bailaor español, desnudaba sus antebrazos quitándose de forma voluptuosa y pecaminosa sus largos guantes negros, mientras cantaba "Amado míooo..." En justo desagravio, manifestaciones de fervientes católicos se situaron frente al cine, rezando el rosario, mientras algunos más impulsivos tiraban tinteros llenos de tinta a las carteleras.

Patriotismo y catolicismo

Hay quien recuerda con nostalgia el pasado. Pero en opinión de muchos de los que vivimos estos aconteceres "no todo tiempo pasado fue mejor". Y, creemos, que libertad con libertinaje sólo tienen vinculación en su raíz etimológica y en la mente de los represores.