cerámica andalusí

  Orígenes y técnicas (I)
por Antonio Guerrero ags@ctv.es


Es probable que el hombre prehistórico creara la cerámica para cubrir una de sus necesidades básicas, el almacenamiento del agua. La observación de los charcos -que se conservaban gracias a la impermeable capa de arcilla que se acumulaba en su fondo, y la plasticidad de este elemento, el más abundante sobre la superficie de nuestro planeta- llevaron, sin duda, a la construcción de los primeros recipientes. La casualidad de que una vasija de barro, próxima al fuego, se endureciera y se tornara insoluble al agua, llevó al descubrimiento de la cerámica.

Durante miles de años, las tribus, en sus migraciones transportaron con ellos sus vasijas y recipientes, y sobre ellos dejaron una impronta de su cultura. En los yacimientos arqueológicos los abundante objetos de cerámica encontrados han servido para tener un mayor conocimiento de la época y de su civilización.

cerámica tartésica

Por las vasijas realizadas por los tartesios, encontradas en el Poblado Bajo de El   Carambolo (Sevilla) conocemos que estas eran similares o otras ibéricas encontradas en distintas zonas peninsulares. Es decir, de barro cocido sin elementos decorativos pintados. Los adornos están modelados sobre la propia arcilla, en forma de incisiones superficiales o pequeños relieves, cordones, etc..

Realizado en barro cocido, también, de una época que se estima sobre el siglo VI a. J.C. se han encontrado multitud de objetos, como estatuillas, vasos de ofrendas, candiles, etc. presentando algunos de ellos influencias cartaginesas y egipcias.

Con las sucesivas arribadas de fenicios, cartagineses, griegos y romanos, la cerámica fue enriqueciéndose con nuevos elementos decorativos pintados sobre ella.

En las primeras cerámicas del islam andalusí, pueden observarse estas influencias, que se mezclan con las aportaciones beréberes y orientales con marcados acentos iraquíes, persas e incluso chinas.

cerámica andalusí

La civilización islámica de al-Andalus, mejoró notablemente la calidad de la cerámica, influyendo sobre la de toda la Península Ibérica y una parte de la cuenca mediterránea.

A finales del siglo X, se crea en al-Andalus una técnica totalmente original e innovadora, la denominada cuerda seca. Este sistema permitía, como variante del vidriado normal, que los colores se mantuvieran separados entre si, delimitados por unos pequeños relieves, sin llegar a fundirse y mezclarse ya que no tenían  contacto entre ellos.

  Plato realizado mediante cuerda seca


Las piezas de cerámica de cuerda seca tuvieron que ser bastante caras y apreciadas en su época, ya que ésta se fabricaba en muy pocos lugares, siendo entre ellos Málaga, con posible origen en Madinat al-Zahra que destacó por una constante creación de nuevas técnicas y novedades.
 

 


Los cambios políticos y sociales en al-Andalus, a través de los siglos, fueron marcando el estilo de la cerámica. Durante la difícil etapa económica de los reinos de taifas algunas formas orientales pierden su elegancia, la llegada de los almorávides introduce cambios decorativos. La última fase almohade incorpora un elevado barroquismo tanto en las formas como en la decoración. 

decoración de influencia almohade

Otro hito importante se produjo cuando en el reino nazarí se inició la fabricación de la excepcional cerámica de reflejo metálico. Los orígenes de este tipo de cerámica son algo confusos, ya que parece proceder de Mesopotamia, y haber pasado por Irán, Siria y Egipto.

plato de reflejo metálico

El efecto que tuvo que producir la decoración dorada de platos y vajilla sobre los comensales, es algo difícil de imaginar, máxime si se tiene en cuanta que el Islam prohibía el uso de las vajillas de oro. Esta nueva técnica cerámica, producía piezas de una excepcional y cuidada calidad, que al mismo tiempo que no transgredía las normas religiosas, permitía el disfrute de un lujo, que hoy denominaríamos "oriental". Junto a esta cerámica de alto nivel, coexistía otra normal y sencilla usada por el pueblo, con profusión de simbología islámica.

Gracias a anotaciones de los antiguos alfareros que han llegado a nuestros días, se conoce que en la receta entraba el cobre, el cinabrio y el vinagre, a la que añadían, algunos de ellos, una moneda de oro para enriquecer el brillo dorado cobrizo.

plato decorado con símbolos islámicos

El lugar donde se producía la cerámica de reflejo metálico es un punto de conroversia entre los distintos historiadores. Algunos la sitúan en Granada, próximo a la corte, y otros en la Alcazaba de Málaga, bajo vigilancia de guerreros, como si de un secreto militar se tratara. La idea de que fueran manufacturadas en Málaga se ve avalada por las inscripciones marcadas en  piezas de reflejo, en la que se puede leer "Malika" y en algunos inventarios se mencionan como "obra de Malica", si bien esto no es del todo significativo ya que podría tratarse de una denominación de estilo más que de lugar geográfico.

Con posterioridad, la producción de este tipo de cerámica dorada se extendió a otros lugares, entre ellos Manises, que llegó a especializarse en su delicada fabricación. Probablemente el embajador de Juan I en la corte granadina, Don Pedro Boil, contrató alfareros mudéjares conocedores de esta técnica, que se instalaron en los alfares de Manises. En 1372 el Señor Boil obtuvo privilegios reales, por lo que tenía derecho a recibir un diezmo de las ganancias de toda la producción de Manises.

(Fin de la primera parte)