por Antonio Guerrero
(ags@ctv.es)

 

Es un cuadro que conocemos sobradamente y que hemos visto en infinidad de ocasiones pero, posiblemente, no hemos sabido mirar sus detalles principales. Te invito a que lo examinemos juntos.

De paso descubriremos algo sobre su nombre y sabremos quienes son cada uno de los personajes que aparecen en él.

El nombre

De entrada, el nombre actual de "Las Meninas" sorprendería  a los miembros de la familia real que fueron retratados, tanto como al propio pintor. Porque, aunque resulte extraño, con el tiempo este cuadro ha ido cambiando de nombre. No sólo no se conoce con qué título era conocido cuando fue pintado, sino que se discrepa en cuanto a las primeras referencias. 

Los inventarios dan alguna luz. En uno consta el cuadro como:  La Sra. emperatriz Ynfanta de España con sus damas y criados y una enana donde se retrató el pintor a sí mismo pintando (por referencia a la Infanta Margarita, futura emperatriz de Austria) y en otro, según parece posterior, como: La Familia de Felipe IV. Este segundo nombre sería inexacto ya que por aquel entonces vivía la Infanta María Teresa, fruto del primer matrimonio del rey, y futura reina de Francia, que no aparece retratada. 


La Infanta Mª Teresa

Bajo los Borbones era conocido el lienzo como La Infanta María Teresa lo que aporta aún mayor confusión, ya que, evidentemente, no era ella (como se creyó durante algún tiempo) puesto que, en el momento en que fue pintado el cuadro Mª Teresa tenía ya 18 años. Algunos críticos se sorprenden de cómo pudo ser  posible que se produjera esta confusión, dado que el cuadro nunca llegó a salir de Palacio, posiblemente por sus enormes dimensiones (3,18 x 2,76 m).

El nombre de Las Meninas (palabra de origen portugués equivalente a "paje" en femenino) se le puso Pedro de Madrazo, en el siglo XIX, cuando la tela  pasó al fondo artístico del Museo del Prado.   

    

La situación

Entre los estudiosos existen diversas interpretaciones sobre lo que se pretendía reflejar en el cuadro. Una de ellas, y tal vez la más alejada de la realidad puesto que seguramente se basa en la errónea titulación del cuadro durante la dinastía de los Borbones, consideran que era un homenaje a la Infanta Mª Teresa, aunque ella no estuviera presente en la composición.

Lo más verosímil es que Velázquez pretendiera captar una instantánea de la vida palaciega, desde su posición de pintor. El argumento de este montaje sería: Mientras el  artista está pintando se presenta en su estudio la pequeña Infanta Margarita, que tiene 5 años de edad. Le acompañan toda la cohorte de meninas y acompañantes que siempre permanecen a su alrededor. En ese momento aparecen los monarcas y prácticamente todos los personajes fijan su atención en ellos. El ingenio de Velázquez sitúa a los reyes en la posición del que visualiza la totalidad de la escena, con la paradoja de que no se les ve de espalda, sino reflejados en el espejo que está colgado al fondo de la sala. Siendo a un tiempo espectadores, fuera de la pintura, y partícipes en ella. 

El artista capta con extraordinario realismo un instante congelado de una visita. No hay afectación en la pose, todos los personajes están realizando alguna función. Y no hay que olvidar que, puesto que la realización de la obra duraría meses debido a sus enormes dimensiones, el artista tuvo que hacer previamente una meticulosa planificación de posiciones y actitudes para después ir pintando a cada uno de los personajes.  

La composición

En este cuadro existe un concienzudo trabajo que puede pasar desapercibido para muchas personas: la perspectiva. Para que tanto el escenario (la sala) como los personajes formen entre si un todo coherente, es necesario que se introduzcan proporciones que relacionen el tamaño con la mayor proximidad o lejanía del primer plano del cuadro. Por ejemplo,  el personaje que aparece al fondo, recortado sobre la luz de la puerta, tiene aproximadamente un tercio de la altura de la menina que está delante de él, lo que informa a nuestro cerebro de que la sala es profunda. Que es, más o menos, tres veces más larga que ancha. Pero la mayor dificultad es el trazado de las líneas y punto de fuga de todos los elementos: paredes, ventanas, puertas, techos, cuadros colgados, etc. que tienen que ser establecidos antes de incorporar los personajes.

Existe otra perspectiva aérea, que es la encargada de sugerirnos tridimensionalidad mediante las luces, la mayoría laterales y la del punto más profundo, la escalera del fondo. Velázquez está considerado uno de los máximos maestros de la atmósfera ya que reproduce hasta el polvo que flota en los rayos de luz. Otro factor que ha sido tenido muy en cuenta es el detalle. Los primeros planos están modelados con más detalle que los que se encuentran al fondo. Esto ayuda a producir mayor profundidad.

Aunque por composición en si, se entiende más, y es importantísima, la distribución armoniosa de los distintos elementos que aparecen en el lienzo. Velázquez los agrupa para distribuir de forma irregular el peso de las figuras. Mediante su posición las muestra de diferentes altura y las inclina para evitar la natural verticalidad del ser humano, al tiempo que esto le sirve, como en el caso de las dos meninas, para enfatizar la figura de la Infanta Margarita, eje central del cuadro.

 


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