Este edificio, llamado también Casa Milà, es más conocido por su nombre catalán La Pedrera,
(que en castellano significa "la cantera") forma en que fue bautizado popularmente
por el sorprendente aspecto pétreo de su fachada. Fue construido entre 1906-1910.

 La fachada de esta construcción, que semeja un gran precipicio, se ondula sobre la confluencia
de dos calles como si se tratara de un edificio aislado. Los grandes bloques de piedra que conforman
el revestimiento exterior, fueron tallados en el mismo lugar de la construcción dándoles una textura
rugosa de piedra natural.

Sobre las formas contorneadas de la fachada cuelgan, como si fueran plantas que hubieran nacido espontáneamente sobre la abrupta superficie de piedra, unas rejas de hierro forjado que forman los balcones, obra del Josep Mª Jujol, también arquitecto, e íntimo colaborador de Gaudí.

En contra de lo que pudiera parecer por su sólido y macizo aspecto, en este edificio no existen paredes de carga, ni incluso en la fachada. Al encontrarse todo él apoyado sobre pilares y vigas metálicas, podría cambiarse, sin problema alguno, toda su distribución interior. El mismo Gaudí comentó que si algún día se quisiera instalar un hotel en el edificio, sería muy fácil hacer una nueva distribución para las habitaciones.

Para sostener la fachada, Gaudí ideó unas jácenas salientes en forma de T sobre las que se apoyarían los bloques de piedra. Para conseguir dar a las vigas de hierro la forma deseada, tuvo que recurrir a técnicas de ingeniería naval.

 

A la izquierda uno de los patios por el que se accedía tanto a las cocheras y cuadras de caballos situadas en el  sótano (posteriormente transformadas en garaje, y en la actualidad en sala de actos) así como a la escalera del piso principal, ocupado inicialmente por sus propietarios, los Sres. Milá.

La negativa de estos últimos a que se colocara sobre la fachada un grupo escultórico en bronce, de la Virgen rodeada de arcángeles, de 4,5 m de altura, hizo que Gaudí se distanciara de los propietarios que no le permitieron acabar su proyecto. Los últimos honorarios del arquitecto pudieron cobrarse tras una orden judicial.

Estos modernísimos y estilizados arcos, construidos con ladrillos planos vistos, están situados en la parte superior del edificio y se comunican con la zona de chimeneas del tejado. La propietaria actual del edificio, la "Caixa  Catalunya" (Caja de ahorros de Cataluña) ha dedicado esta zona a "L'Espai Gaudí" donde se exhiben maquetas, dibujos y documentos relacionados con el genial arquitecto. 

Gaudí, perfeccionista y meticuloso al máximo, supervisaba personalmente la construcción de las rejas en la misma forja, donde permanecía, a veces, hasta las diez de la noche, con el consiguiente desagrado de los trabajadores.  

 

Estas otras chimeneas, que parecen vigilar como fieros guerreros, están decoradas con trozos de cristal de botella.

Gaudí decía que si el humo sube retorciéndose, se le ayudaba en su salida dándole a las chimeneas forma helicoidal. Las formas de su parte superior recuerdan a yelmos medievales.

Gaudí estudiaba las distintas formas decorativas haciendo construir maquetas a escala 1:10 y en ocasiones incluso a tamaño natural

 

A las terrazas o azoteas de la parte superior se accede mediante ocho escaleras de caracol que están decoradas exteriormente con fragmentos de baldosas de mármol. Esta forma de recubrimiento, tan característica en Gaudí, le permitía adaptarlo a las formas curvas que surgían de su genial fantasía.