En la fachada del Nacimiento Gaudí volcó toda su fantasía. Incluyó infinitas formas de la Naturaleza, desde rocas redondeadas que recuerdan el macizo de Montserrat, hasta figuras humanas y temas vegetales, logrando una especie de sorprendente y bellísimo neobarroquismo.

En esta fachada, llena de simbolismos, Gaudí quería resaltar la alegría por el Nacimiento de Jesús. Toda ella es un inmenso Portal de Belén. Allí están todas las figuras tradicionales: Jesús, María, San José, la mula y el buey, los Reyes, los ángeles, los pastores... y otras escenas de la infancia de Jesús, como la degollación de los Santos Inocentes.

La parte baja está compuesta por tres portales. El del centro y de mayor altura, el del Amor, incorpora escenas del Nacimiento. La entrada de la izquierda, el Portal de la Esperanza, refleja escenas de la degollación y de la huída a Egipto. La puerta de la derecha, el Portal de la Fe, contiene escenas bíblicas como la Anunciación. 

 

 

Fachada del Nacimiento

Esta fachada fue la que abordó primeramente Gaudí, en contra de la opinión de algunos de sus amigos que opinaban que quedaba de espaldas a la ciudad. El argumento del arquitecto fue que esta fachada mostraría una mayor profusión de formas y simbolizaría la alegría del nacimiento, mientras que la de la Pasión que quedaría en el lado contrario, y que representaría la tragedia de la muerte del Señor, podría ahuyentar a los visitantes. El simbolismo, constantemente presente en su obra, le hace situar la fachada del Nacimiento encarada hacia oriente, por donde nace el sol, y la de la Pasión  hacia poniente, por donde muren los rayos del astro rey. 

En 1900 ya alcanzó esta parte la altura de 32 metros. La posterior falta de recursos económicos frenó sensiblemente este acelerado ritmo de construcción. 

 

 

 

Coronando el Portal de Amor, se descubre un ciprés sobre el que vuelan blancas palomas. El color verde está formado por fragmentos de botellas de cristal.

 

Sobre una superficie de puntos que simboliza la Vía Láctea,
el anagrama de Jesús (JHS) sobrevuela por encima de una cruz griega, rodeado de ángeles.

Gaudí era partidario de una imaginería realista, tal como se estilaba en su época. Por ello, con la colaboración de uno de sus ayudantes, el escultor Matamala, se obtuvieron moldes en escayola de seres humanos y de animales, para representar con la  máxima fidelidad los detalles anatómicos. 

Según se cuenta, para el soldado sirvió de modelo un fornido mozo de una taberna próxima a las obras. El asno que aparece en el grupo escultórico de la Huída a Egipto, fue reproducido del de una mujer que llevaba un pequeño carro y vendía arena para fregar. La dueña lloró de manera incontenible durante la realización de los moldes, porque pensaba que el pobre animal no sobreviviría.