Para suplir al antiguo Palacio Episcopal de Astorga (León) que había sido destruido por un incendio, Gaudí recibió en 1887 el encargo de presentar el proyecto para un nuevo edificio. Con este motivo Gaudí se documentó a fondo, tanto de la arquitectura de la zona como de la extraordinaria catedral gótica de León. Para que el obispo obtuviera una subvención del Ministerio de Gracia y Justicia, Gaudí tuvo que someterse a los cambios sugeridos por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, lo que indignó al rebelde creador que era Gaudí. El resultado final fue un edificio con aires de castillo medieval, que contrastaba fuertemente con las otras edificaciones de la ciudad.



 

Gaudí viajó a Astorga en varias ocasiones para seleccionar, como tenía por costumbre hacer, materiales de la zona: piedras, arena, cal, etc. así como para contratar a los diversos artesanos que tenían que participar en la obra: picapedreros, herreros, carpinteros, hojalateros, ceramistas, albañiles...

Debido a que las subvenciones prometidas se recibían con enorme retraso, con el consiguiente malestar de proveedores de materiales, contratistas, y del propio Gaudí, el obispo hacía lo posible por avanzar por pagos utilizando fondos de la Iglesia. Cuando el obispo Grau falleció en accidente en 1893, la Junta de obras tuvo un fuerte enfrentamiento con Gaudí, lo que hizo que este renunciara por escrito a continuar dirigiendo las obras.

Gaudí había edificado el subterráneo, la planta principal y parte de la siguiente. Los continuadores de las obras no fueron capaces de interpretar el proyecto inicial, tal como Gaudí había vaticinado en el momento de su ruptura.

Finalmente, el arquitecto Ricardo García Guereta continuó las obras tratando de ajustarse al proyecto de Gaudí, acabando el edificio en 1913.

 

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